Poema concreto para armar

Texto: José María Marcos. Ilustración: Alejandro Thornton. Publicado en el capítulo 5 de 8cho y och8, dirigido por Silvina Gruppo y Diego Axel Lazcano, en enero de 2014.

Cuerpo poético concreto,
de Alejandro Thornton (2013)
Cuerpos de día

De día, la luz hace realidad los cuerpos y los torna posibles, los convierte en envases y contenidos para crear el mundo. El sol muestra a un hombre en la calle para que algunos soñemos un prójimo, otros un vagabundo, un delincuente, un asesino, una mártir, un suicida, un suicidado, un suicidante, arte contemporáneo, una performance, una aparición, algo que sobra, una sobra, algo que falta, una falta, algo que ocupa demasiado lugar, un no lugar, un pordiosero, un pordemoniosero, un cero, menos que un cero, un error, una enfermedad, el invierno, un futuro, un consejo, una premonición, una horrible advertencia, una forma de evocar lo que somos, una forma de desdeñar lo que somos.

Cuerpos de noche

De noche encendemos alguna lámpara para que el genio de los deseos entretenga a las sombras y disipe nuestras tinieblas, y así poder vernos el rostro, los rostros, el cuerpo, los cuerpos, y prepararnos antes de espantar las cosas y el mundo.
No hay nada mejor que la oscuridad para ocultar ciertas verdades.
No hay nada mejor que la luz para ocultar la verdad de ciertas verdades.
No hay nada mejor.
No hay nada.
No hay, no.

Ecos de los cuerpos

Hace años escribí: “La poesía es sólo una odiosa música de cadáveres en danza”. Hoy registro baúles y encuentro fragmentos de espejos que rompí para convocar a la mala suerte, y exclamo: “¡Oh, diosa, baila y canta otra vez!”. Nos abrazamos y mis venas afiladas cortan los reflejos agonizantes, y encuentro mis ojos, porque allí quiero encontrar mis ojos, y hasta mi sangre y mis palabras y un destino que ya no será mío, y evoco un sueño en el que no podía recuperar otro sueño, pero le pedía a ella que me lo cantara, porque ella, sí, sabe soñar, y entonces la melodía y los versos inundan el escenario y comprendo que ella hace posible ese milagro, porque ciertos indicios pueden recordarse únicamente cuando atravesamos el crujiente puente de ecos y admitimos la ilusión o la magia o la incertidumbre de ser otro ser.