Una esperanza frente a la ausencia

Pili, de Patricio Chaija (Simurg, 2010). Por José María Marcos para Suplemento Literario de TÉLAM

Un profesor de Literatura se propone escribir sobre un caso que conmovió a la comunidad educativa, y aun cuando tema que sólo podrá componer una ficción, decide avanzar pues juzga que la única manera de comprender anida en la reinvención de los hechos.
Novela de personajes diáfanos y de clima melancólico, Pili, de Patricio Chaija, es una historia que se estructura alrededor de las peripecias que enfrenta un joven docente en la ciudad de Bahía Blanca, en relación a su ejercicio de la profesión. Una adolescente será el motivo del relato, el eje sobre el cual girarán las circunstancias, pero también el lente a través del cual el Profesor irá reconstruyendo una realidad agrietada por la violencia y el desamparo de alumnos y maestros. “No todas las veces que deseé dejar de escribir lo puse en este relato. La pregunta obligatoria sería, entonces: ¿para qué escribir? Ensayando una respuesta puse antes: para contarme qué sucedió. Eso es una verdad a medias. Sé que no sé qué sucedió. Bien. Pero también hay un deseo, otro, en juego: para librarme de culpas. ¿Hay alguna acusación sobre mi cabeza? No. Este es simplemente el testimonio de un hombre que escribe, y que cree ver en esta acción una manera de lograr cierta completud. Quise dejar de garrapatear mi letra sobre este cuaderno innumerables veces, casi tantas como líneas llevo avanzadas. Pero sé, a esta altura, que no voy a dejar la narración hasta que encuentre un momento en que el cuerpo no me pida hacerlo. Así de simple. El deseo de contar es una incomodidad que se genera en la columna lumbar, a veces, y no dejar que caminemos bien, o detrás del parietal o del frontal, otra, e impide que pensemos con claridad salvo en lo que hay que narrar. Contar es, al fin y al cabo, una manera de pelearle nuestro lugar al vacío, ese que se cierne como una sombra en algunos rincones del aula, o en los teatros, o casas, ese vacío que de a poco nos cerca en la calle y no nos deja respirar. Estoy hablando de la muerte”. “Cuento para no morir. Esta historia le tiene que servir a alguien”.
Ese “Le tiene que servir a alguien” funciona como un tímido llamado de atención sobre cómo la carencia de un horizonte simbólico puede transformarse en un agujero negro que amenace con llevarse todo. “En Bahía el tema del suicidio es muy común entre los adolescentes; no es una pandemia, pero cada tanto uno se entera de oídas que alguien saltó desde un decimosegundo piso, o se colgó en su casa. Nunca los suicidios salen en los medios de comunicación, en la radio o la tele o el diario, por temor a generar un efecto contagio en la sociedad; pero sí en el boca a boca se oye con frecuencia que tal chica que había desaprobado un final en la universidad o tal otro chico que había repetido el año decidía poner fin a su vida”.
En medio de la falta de incentivos y de ese rumor sobre la muerte, el Profesor percibirá que algo extraño sucede alrededor de Pili (¿quiere suicidarse, como otro antiguo alumno?), aunque, al final, su protagonismo se asemejará al oficio del testigo que ve pero no puede hacer nada más que contar. “El silencio es una ausencia del ruido; y, por alguna aptitud especial que desconozco, siempre me llamó más la atención aquél que éste. Mis oídos captan el vacío y mis ojos buscan el lugar en el aula desde donde viene ese pedido. Ese llamado silencioso de quienes necesitan ayuda. A veces, algunas personas gritan en silencio”.
Presentada como juego de la memoria y del lenguaje, en la voz de un narrador que reconstruye los acontecimientos mediante un relato que va anticipando mecanismos de la misma narración, Pili es una gran novela de horror contemporáneo que habla de soledad, del valor de la literatura y de la necesidad de encender una esperanza frente a la ausencia del sentido.