El mundo de Gastón Intelisano

“En el policial argentino existe el prejuicio de que todos los policías son corruptos o ineficientes”

Por José María Marcos

Gastón Intelisano nació en San Martín (Buenos Aires) el 16 de mayo de 1978. Durante cuatro años acompañó como pasante universitario a la UMFIC (Unidad Médico Forense de Investigación Criminalística), donde pudo observar de cerca el trabajo tanto de médicos forenses como de peritos y asistir a numerosas escenas de crímenes y autopsias. Es licenciado en Criminalística y radiólogo. Lector de novelas policiales y de terror, fanático de Stephen King y Patricia Cornwell, un día decidió poner sus conocimientos al servicio de la ficción y escribió Modus operandi (Autores de Argentina, 2010), su primera novela publicada. “Stephen King me marcó con la emotividad que le da a sus tramas y personajes, y Patricia Cornwell en la importancia de investigar sobre lo que se está escribiendo”, contó Gastón en un diálogo con INSOMNIA en el que habló de su trabajo forense, de su próximo proyecto y del prejuicio que existe en el policial argentino donde todos los policías “son corruptos o ineficientes”, entre otros temas.
ENTRE KING Y CORNWELL
—¿Cuáles son tus principales influencias?
—Definitivamente, Stephen King es el autor por el que me siento más influenciado. Me inicié en la lectura gracias a él. Fue lo primero que leí por placer. Fueron también las suyas, las primeras novelas que leí. Siendo más chico había leído cuentos, pero nunca novelas. Y mi primera novela (escrita en una Olivetti a la que le faltaba la letra “d”) fue algo parecido a una novela de terror de Stephen King. Me gustan particularmente los libros que están escritos en primera persona; por eso, me encantaron Un saco de huesos y Duma Key. Ambos son increíbles y muestran un lado humano del autor, que me fascinó. Cuando del terror pasé a prestarle más atención al policial, me atraparon las novelas de Patricia Cornwell. Creo que no existe otro escritor de policiales como ella. Entre sus mejores títulos destaco Extraño y cruel y Código negro, que son geniales. Stephen King me marcó con la emotividad que le da a sus tramas y personajes, y Patricia Cornwell en la importancia de investigar sobre lo que se está escribiendo
—En muchas pasajes de Modus operandi, King muy presente, aunque tu novela no tiene nada de sobrenatural…
—Te repito: de él aprendí mucho. Sus obras me ayudaron a entender que para que el lector sienta que está en el lugar, o situación que describís, tenés que ser detallista, pero no en exceso, pues hay que evitar caer en el error de muchos novelistas: aburrir o abrumar con tanto detalle, que hace que se pierda la idea principal. Sus obras me ayudaron también a prestarles atención a los personajes. A escucharlos, a ponerme en su piel.
EL PASO DE LECTOR A AUTOR
—¿Cuándo descubriste que el género policial era lo tuyo?
—Desde los años de secundaria y hasta los primeros de universidad, fueron en los que más me acerqué a la novela policial. Leí las primeras entregas de Kay Scarpetta; Detective, de Arthur Hailey; la trilogía de David Witse; y a Thomas Harris. Veía “Los expedientes X” y “Millennium”, dos series que me marcaron a fuego. Mientras tanto, cursaba los primeros años de la carrera de Criminalística y hacía mi pasantía en la UMFIC (Unidad Medico Forense de Investigación Criminal), lo que me ponía en contacto con mucho de lo que yo leía en las novelas y veía en las series policiales. Fue allí cuando dije: “¿Por qué no dejar la posición cómoda de lector y pasar a la de autor?”. Tenía muchas historias para contar. Cuando empecé a escribir mi primera novela policial dije: “Esto es lo mío”.
—¿Cómo nació Modus operandi?
Modus operandi nace en esos primeros años de facultad en los que, paralelamente, estaba como pasante en la Policía Científica. Me pasaba todo el sábado en la Unidad, compartiendo el día con los médicos y técnicos forenses. Me contaban anécdotas, me mostraban fotos, y si surgía algún caso, iba con ellos en el móvil criminalístico y me metía en la escena del crimen, asistiéndolos y tomando notas. De ese intercambio constante y de ver cómo era la dinámica de una investigación forense real, surge la novela.