Rock: Naranjos, un mar que refleja la noche

NARANJOS. Vivrai (2006). Damián “El Árabe” Ramil en voz; Ignacio “Nacho” Rodríguez Varela, guitarra; Javier “Japi” Vagnozzi, guitarra; Fernando “Eche” Echevarría, batería; y Santiago “Chicho” Difini, bajo. Por José María Marcos

Hay una poesía de Antonin Artaud que dice: “Hace mucho frío como cuando es Artaud, el muerto, quien sopla”. Luego de escuchar Vivrai uno podría afirmar: “Hace mucho frío como cuando es Naranjos, el grupo de rock, quien canta”.
Precedido por Morirai, este disco sigue desplegando variados recursos de la poesía negra, con un lenguaje claro que busca mostrar, justamente, cuán negras pueden ser las sombras. Pero no es una poesía sin tradición. En Jaulas aparece un acápite de Alejandra Pizarnik, que parece ser una declaración de principios: “Explicar con palabras de este mundo que partió de mí un barco llevándome”.
En el arranque, Naranjos canta: “No esperes nada de esta noche / nada bueno puede suceder. (…) / No esperes más. / Nada viene” (Quietud). Al hablar de un amor que no fue, la voz de El Árabe cuenta: “Piedra libre para mí / y otra vez no me escondí, / de tu oscuro corazón / otra vez no me escondí” (Hawaiano). En una historia de un perdedor, la descripción es asfixiante: “Podrido de escuchar las glorias del campeón / Polito se las toma… / Se va sin vacilar, su silencio es el mejor / saludo para el sordo” (Polito). También hay lugarcito para el optimismo a lo naranjo en La lata: “Quiero hacer con vos un mundo nuevo, / me gusta creer que todo lo puedo. (…). / Quiero darte hoy un largo abrazo… ¡así! / ser el fuego que no tiene ocaso”. Y, al cierre, un lugarcito para el humor negro en Migré: “Migré no baila más… / levanta la cara, y empieza a llorar… / Migré sabe entender qué es perder, / toma el quincho y se va… /”. Otros temas son Flores, Huesos, Cayó y Viejo jugador.
La escritora Silvia Adela Kohan dice que “la gran mayoría de los poetas sienten al ritmo como constituyente fundamental del poema”. Naranjos parece seguir a pie juntillas esta premisa y las diez letras de Vivrai se dejan guiar por una música áspera y contundente. Un rock que, al igual que la lírica del grupo, parece beber del mismo mar que refleja la oscuridad de la noche.